Porción tomada del devocional «Celebrando a diario con el Rey» de W. Glyn Evans (c) 1996 Libros Alianza (Libros Cali)
3 de marzo
Sintonizando a Dios
Enséñame, Señor, que mi Biblia puede convertirse en mi tropezadero. Los fariseos fueron grandes estudiantes del Antiguo Testamento. Lo conocían tan bien como Jesucristo mismo. ¡Pero qué gran diferencia! Ellos se aferraban a oscuras interpretaciones, tradiciones huecas y definiciones caprichosas, mientras que él habló con “autoridad” (Mt. 7:29).
No es que les faltara oportunidad para escuchar la Palabra. Desde su infancia fueron bombardeados con ella ya que les fue leída, predicada e ilustrada de mil maneras en cada faceta de sus vidas. Pero después de todo ellos eran apenas “sepulcros blanqueados… llenos de huesos de muertos y de toda impureza” (Mt. 23:27). ¡Señor, sálvame de terminar así como ellos!
Sálvame también de cometer su error fatal: el de “no ir acompañada de fe” la Palabra (Heb. 4:2 RVR). No basta escuchar la Palabra divina, aunque eso es necesario. Debo siempre mezclar lo que oigo con la fe; es necesario creer que es la Verdad para luego obedecer lo que me está diciendo.
El Universo está repleto de señales de radio. Sin embargo, es cuando prendo mi receptor de radio y lo sintonizo en la señal, que logro recibir y disfrutar del mensaje. La Palabra de Dios está llena de “señales divinas” enviadas personalmente a mí, pero el mensaje logra penetrar en mi vida solamente a medida que las sintonizo. Dios me está hablando ahora mismo por medio de su Palabra en cuanto a mi necesidad o el problema que estoy enfrentando, pero es posible que el mensaje se pierda si me distraigo del enfoque personal. El estudio bíblico debe impactar mi vida, aunque sea con geografía bíblica, palabras griegas, significados teológicos, descubrimientos arqueológicos o evidencia histórica. A veces siento que Dios me quiere sacudir, así como lo hacía el predicador Moody con sus auditorios gritando, ¡Tengo un mensaje para ustedes y quiero que lo escuchen!
Señor, tú eres el Dios de ahora mismo y tu Palabra es el mensaje del presente. Me propongo no cambiar de sintonía, sino más bien evitar que mis propias ideas y las otras señales del mundo no hagan interferencia. Escucharé ahora mismo lo que tú me estás diciendo.
“El Espíritu es el que da vida: la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”
Juan 6:63
Himno: “Santo es el Señor”
•Santo, santo, santo,
poderoso Dios;
Santo, santo, santo,
poderoso Dios.
La tierra está llena de su gloria,
La tierra está llena de su gloria,
La tierra está llena de su gloria.
Santo es el Señor.
Celebremos su Gloria # 23
LETRA: Basada en Isaías 6:3.


